jueves, 6 de diciembre de 2012


Todo
en al vida
es una penetración
constante
canción
a la vida.

Las golondrinas surcando el cielo de estación en estación;
los altos pinos abriéndose al día, en la noche. Su intención
es la perpetuación
no interesada
de la manifestación de la paz sobre la tierra...

Todo en el tiempo es sexo y pasión:
Hablar de las ideas e intereses que conmueven
(y, ¿qué no lo hace?)
beber una cerveza, escuchar de lo que se entrega la voz...

Cada recoveco es rellenado en su presencia sublime
que no desespera:
el viento a todos sitios llega...

Sólo quien se cerró conoce las intersecciones
como violentas aproximaciones que producen dolor, más dolor...

Sólo el miedo a la muerte: porque morir, hemos de morir todos,
incluso en vida,
continuamente.

Como penetra el sol a la tierra después de que en noche la deje;
como abandona el rubor de mañana a la higuera fina
y al sereno sereno del atardecer otra vez palidece...

Todos habemos de morir, y vivir, incesantemente,
y vivir una nueva vida cuando morimos (todo es lustro de movimiento)
como cuando se hace el amor, con sólo pequeños descansos...
 para toda una vida.

Penetrar
y ser penetrado;
Conocer
y ser conocido;
Amar
y ser amado...

Todo en la vida es penetración.

Quien no lo sabe está nublado por una cinta amarga y negra
y no conoce su propia canción
que en vibrantes vocales le convoca a la marea:

Pues todo en ella,
de sol a sol y de estrella a estrella, es continuo orgasmo de belleza
que se multiplica a sí mismo en millones
de nuevos mundos.

[Miércoles 5-12-12, Ciudad Universitaria, Facultad de Filosofía, Madrid]

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