domingo, 26 de mayo de 2013

Alguien

Entonces,
conociendo el pálpito que se entregaba delicadísimo en mi vientre a mi cuidado,

me di cuenta

de que todo el mundo

era hijo de alguien.


abril-mayo de 2013
Autopista hacia Colmenar Viejo, Madrid

sábado, 11 de mayo de 2013

Indigentes

Cuando veo a una persona mirando en el contenedor de basura, como cuando he visto a algún señor arrastrar un carrito lleno de metales (supongo que para venderlos por dos pesetas) me ocurren varias cosas. Primero de da yuyo, me da pena, me entristece. Luego siento admiración por ellas. En sus circunstancias, me da por pensar que yo me sentiría desesperada y querría morir. A lo mejor se da que no, que haría igual que ellos: intentar sobrevivir.

Entonces pienso que la vida no debe ser tan difícil. En realidad se trata de comer y dormir para mantener al cuerpo bien, y de resto, admirar la vida. El tiempo que no dormimos ni comemos, se usaba antes para buscar comida, porque llevaba mucho tiempo. Con los siglos, la tecnología ha permitido que se use menos tiempo en "buscar comida" y que se amplíe el abanico de actividades humanas posibles, ya sean parte del negocio de buscar comida, aunque no esté directamente relacionado con esta actividad o como ocio: los deportes, el arte, otros trabajos que no sean cultivar o la ganadería. Eso permite que se desarrolle la imaginación, que se reinterprete y enriquezca la vida social humana (cuando en su base, se trata de mantener un cuerpo físico, nada más).

Me viene a la cabeza el par de gente que se ha tirado por la ventana o a las vías del tren porque no podían pagar la hipoteca. Con un pedazo de tierra una persona podría construir su propia casita o chabola y tener su propio huertecito, y satisfacer, al menos suficientemente las necesidades de comer y resguardarse. Pero resulta que nacemos no sólo como seres humanos, sino además como seres parte de una sociedad que ha creado normas, unas complicadas e inútiles y otras complicadas y contra la vida. La persona que no puede pagar la hipoteca no sólo se queda sin casa en España, sino que además sigue debiendo al banco (esa extraña entidad impersonal que, sin embargo, está manejada por personas con exactamente las mismas necesidades básicas que el afectado) el dinero al que se comprometió por pagar la casa. Así, en una situación de deuda descomunal y sin opción de refugio, el desahuciado no ve salida para seguir viviendo, y prefiere la muerte rápida.

Y en la Tierra hay tantas hectáreas libres. La Tierra, que es libre. Sin embargo una idea humana contaminada  hace en una sociedad doblegar al ser humano a la esclavitud mental  y física, de tal forma que fuera de ella no conciba la continuidad de la vida: la propiedad privada de la Tierra -pero sin que cada persona que nace tenga un sitio por derecho al nacer.

Porque, ¿y si te vas al campo y construyes tu chabola? En el territorio de la nación, también es una situación "irregular". La vida, en la cabeza del hombre, queda por detrás de las leyes absurdas que él establece.

Un morceau de terre, madame; un morceau de terre, monsieur.

Por eso digo que, admiro a las personas que, en la situación de pobreza por causa de injusticia social, aún tienen el valor interno de mirar hacia lo más importante: la vida; a pesar de que las condiciones en las que la han de mantener sigan siendo (y probablemente lo seguirán siendo) de indignidad en la salud, en la nutrición y en el derecho de tener tiempo a ocupar - fuera del sueño, la alimentación y búsqueda de comida- para actividades que, bien sean laborales o de ocio, sean libremente escogidas, seleccionadas y vividas con alegría.

Fuenla, a 11 de mayo de 2012, 17:44

jueves, 2 de mayo de 2013

uno, todos

Qué gran falacia,
inclinación de opresión y esclavitud,
es esforzarse por hacer
de la soledad virtud.

La alegría plena
en sociedad llega.

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La capacidad de estar con una/o misma/o,que es la misma que nos lleva a unirnos al resto,
no tiene que ver con el insensata idea de necesitar estar asolados, solos. No estamos hechos para la destrucción (la soledad), sino para la vida.

La persona y la sociedad son mutuamente interinfluyentes e interdependientes.

En una sociedad ideal, lo verdaderamente bueno para la primera, es bueno para la segunda, y viceversa.

La transformación personal depende tanto de la social como la social de la personal. Mientras no entendamos esto, viviremos como seres irresponsables y esclavos.


2-5-2013, 13:15, Fuenlabrada

miércoles, 1 de mayo de 2013

Nada

Cuando las flores salen,
nada.

Cuando llueve,
nada.

Si sale el cielo gris,
nada.

Nada es Todo

Cuando volcaba en ti mi amor

- y me quedé sin nada

Pues cayó en un agujero profundo sin retorno.


miércoles 1 de mayo de 2013, 17:14