jueves, 18 de septiembre de 2014

Fiel

Siempre he sido fiel
sexualmente fiel

al otro, digo.

(Porque si lo pienso un poco más,
¿ser fiel a otro no puede implicar que una se sea infiel a sí misma en algún momento?)

Y ahí es donde quiero llegar
-y me aterra-:
me queda un universo por descubrir
la libertad sexual
que aún no he conocido

Y darme cuenta de que los demás
-mis compañeros-
probablemente han vivido en ella
(pero a escondidas)
mientras yo me contenía en la tristeza del servicio a no sé qué moral (religiosa o no).

Tristeza porque,
cuando lo que una hace es por una especie de "obediencia", aunque sea por una alta moral
en vez de por elección propia,
es como vivir en una jaula
-¿Puede ser por eso por lo que es sido tan triste tanto tiempo?

Carlos me lo hizo ver, cuando me dijo algo y comprendí
que el control sexual era el mejor control humano:
el control del centro la creatividad humana.
Y por eso las religiones
y por eso los gobiernos.

Pero la libertad individual no concibe etiquetas
sino la responsabilidad individual.

Y eso lo entiendo.
Pero me queda enfrentarme a mi miedo
al miedo a mi libertad
sexual

Se ve oscuro
aunque sé


que detrás de la cortina de humo sólo habrá luz y felicidad:

cuando descubra lo que es hacer lo que quiera
en el momento que quiera
de la forma que quiera

y nunca me someta la insatisfacción
no me quede en ella si la experimento
ni vivir como si yo perteneciera a alguien
o a algún dios (que no sea yo misma).

O sea,
que este miedo es de mi ego.

El miedo a dejar lo conocido,
pero que no es mi yo.

El dolor a ver que otros han vivido según su propia elección cuando yo me entregaba cautiva.

El  dolor a reconocer que mis compañeros sexuales han alimentado mi cautividad por no compartir a la luz su propia forma de vivir la libertad sexual

Quizá pensaban que yo hacía lo mismo:
vivir mi libertad en la oscuridad

Pero yo pensaba que ellos hacían lo mismo que yo:
vivir a la luz - la cautividad.

Y las dos partes hemos estado equivocadas una de la otra.

Una de la otra.

No te queda más remedio, Ludmila.
Aunque mires atrás.
Puedes mirar atrás
pero sólo una vez, sin marchar:
te toca dar pasos adelante,
pues ya estás frente a la cortina

(Una cortina que otros no viven
y tú has creído en su poder demasiado tiempo
-Sí, pero no enseñaré así a mi hijo)

...

En algún lado de mi cuerpo, de mi ser,
me molesta o duele reconocer esto,
como si quisiera seguir creyendo,
eso es,
creyendo,
como si fuera una niña
- una niña engañada, claro está

(porque yo creo firmemente que los niños no tienen que vivir en las mentiras)

Debe ser eso: como si buscara la responsabilidad de quererme en otra persona
que no está.
No.
No está.

Soy yo.
Yo debo quererme.

Eso es.

Ahora,
pasa.



21:45 Fuenlabrada, jueves 18 de septiembre de 2014

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